“Voy a arrancar la semana que viene.”
“Cuando tenga tiempo.”
“Cuando esté lista.”
Lo dijiste mil veces. Y no avanzaste.
No es falta de ganas: son excusas que parecen razonables, pero te están frenando sin que lo notes.
Las escuché cientos de veces. Y las dije yo también. No son excusas de vaga: son mecanismos de defensa.
Tu cerebro no quiere riesgo → inventa “razones lógicas” para frenarte. Pero cuando las ves de cerca… se desarman.
1. “No tengo tiempo”
Traducido: “no sé por dónde empezar”. La falta de claridad te roba horas.
Solución: microacciones de 10 minutos.
2. “Hay demasiada competencia”
En realidad: “tengo miedo de no ser suficiente”. Pero donde hay competencia, hay demanda.
Solución: trabajar tu diferencial.
3. “No estoy lista”
Nadie está lista antes de empezar.
La preparación sucede en el camino.
Solución: primer paso imperfecto.
4. “No tengo suficiente conocimiento”
Si sabés más que tu clienta ideal, ya podés ayudar.
Solución: enseñar desde la experiencia real, no desde la perfección.
5. “¿Y si fracasa?”
El miedo al error te inmoviliza más que el error real.
Fracasar = aprender.
No hacer nada = quedarte igual.
Solución: acción guiada con contención.
Cuando dejás de creer tus excusas, aparece una versión tuya que avanza con suavidad, pero
avanza. Y eso ya es romper el patrón.
Si querés romper estas excusas con pasos claros y realistas, el eBook “Aterrizá tu idea” te va a
ordenar la cabeza para empezar hoy, sin exigencia y sin ruido.
