Tener una idea clara y, aun así, no mover un dedo… es una de las cosas más desesperantes del mundo.
Sentís que estás lista. Sentís que sabés qué querés. Y sin embargo, seguís quieta.
¿Por qué?…
Durante mucho tiempo pensé que “me faltaba disciplina”.
Que yo era el problema.
Que necesitaba motivación o palo y palo.
Hasta que entendí algo clave: cuando no avanzás, no es porque no podés… es porque tu cerebro te está protegiendo.
Y cuando vi esto en mí y en mis clientas, empecé a trabajar diferente.
1. Estás confundiendo claridad con acción
Saber lo que querés hacer no es lo mismo que saber cómo hacerlo.
Tu cerebro necesita un camino claro para moverse, no solo una intención.
2. El miedo al juicio pesa más que el deseo de avanzar
El miedo a “hacerlo mal”, “quedar en ridículo”, “equivocarte”… es más fuerte que la idea.
No porque seas insegura: porque sos humana.
3. No segmentaste el primer paso
Tu primer paso es demasiado grande.
Tu cerebro detecta peligro → paraliza.
Necesita un “micro-paso”: algo tan pequeño que no active alarma.
4. Te estás comparando con gente en su año 5 mientras vos estás en tu día 1
Es injusto, obvio que bloquea.
La comparación te roba acción real.
5. Te falta acompañamiento estratégico
Cuando hacés todo sola, tu energía es el motor y el GPS.
Y es demasiado.
Por eso no avanzás: estás saturada mentalmente.
Cuando entendés que tu bloqueo no es incapacidad, sino protección… se te afloja el pecho.
Podés empezar a avanzar sin forzarte, sin maltratarte, sin exigencia absurda.
Podés avanzar con estructura, con suavidad, con estrategia.
Si querés tener esa estructura clara para arrancar sin sentir que te estás tirando sola a una pileta
vacía, en el eBook “Aterrizá tu idea” te doy un camino concreto: paso a paso, sin sobrepensar.
